Anécdota de Viernes
Así que retomé los estudios a la par que empecé a trabajar a horas en una correduría de seguros, llevando un poco el control de los clientes que pagaban y los que no, de esta forma me sacaba unos durillos para mis caprichos.
Un día me dice uno de los jefes que le acompañaría a visitar a un cliente muy importante, por que le íbamos a vender "el producto estrella", así que el día que teníamos cita con el susodicho yo me puse super divina, recuerdo que llevaba un vestidito beige de lino, ajustado que no ceñido, pero claro me lo podía poner, ahora lo reventaría; llevaba unos zapatos de tacón que, casualmente encontré del mismo tono y tejido que el vestido, así que iba super conjuntadita y estupenda para ir a visitar al cliente importante.
Dicho sea de paso que aquel jefe concretamente, era bastante majete por aquel entonces un mozo de unos cuarenta años, si llegaba, me parecía un madurito interesante, así moreno con los ojos verdes y unos trajes impecables, eso sí muy respetuoso y educado.
En fin, íbamos caminando por la calle, yo iba delante de él por que era una de aquellas aceras antíguas más estrechas que las de ahora y no recuerdo de que hablábamos, pero supongo que era yo la que tenía la voz cantante como siempre.
De repente cruzamos una rampa de parking, es decir era un vado en el que la acera hacía un bajante hasta la carretera y el pavimento era distinto, como si fuera un cemento alisado y brillante así que cuando lo pisé con paso firme los tacones me resbalaron en aquel pavimento traidor y así en cuestión de segundos se juntaron en el aire mis mies con mi cabeza y luego todo desparramado en el suelo, los zapatos por un lado, la carpeta por otro, el vestido roto, los codos todos arañados, pero eso sí con una gran sonrisa como si nada hubiera pasado. Sorprendido el jefe me preguntó:
-Oye estás bien?
-Sí, estupendamente...tranquilo no me he hecho daño.
A todo esto yo iba buscando uno de los zapatos que se había metido debajo de un coche, recogiendo los papeles que se salieron de la carpeta, le dí cuatro toquecitos al vestido como si así lo arreglara y seguí caminando por delante de mi jere, como si se hubiese borrado en espacio-tiempo ese pequeño accidente, que me dejó los codos hechos una mierda.
He aprendido que nunca y digo nunca te puedes fiar de una rampa de parking, son lobos con piel de cordero.
Buen fin de semana y a reirse un rato, que es salud!!
Comentarios
¿Qué pasa? ¿acaso nadie se ha caído nunca? Yo te aplaudo, te caes y luego te levantas como si no hubiera pasado nada. Quien vale, vale, y ya está.
¡Un besazo grandísimo!
MIGUEL
Me encantan tus anécdotas, mi niña.
Ains, que momentos!
Besos reina!
Y encima de beige.....
Miguel: ese espacio tiempo se borra inmediatamente, así que nada ha pasado.
Menda: sí jamía más ocurrente él...
María: oooh, que cara de panoli se le queda a una.
Conxa: yo como hacía el Papa, siempre besaba el suelo de un sítio nuevo.
Jordim: como tu jefe, por ejemplo.
Embrujo: es como una conspiración, la vengaza de los tacones.
Stulti: toda mi vida es como una novela de ficción.